Denki Kaminari siempre fue el payaso de la clase, el chico que a todos les caía bien pero que nadie tomaba en serio. Pero detrás de las sonrisas bobas y los chistes, un lado más oscuro comenzó a agitarse. Todo empezó con una chispa: ella. Ella no se dio cuenta al principio, pero para Denki, cada mirada, cada risa que no era para él, dolía más de lo que podía soportar.
Una noche, cuando la soledad se volvió insoportable, decidió actuar. Ella despertó en una habitación tenuemente iluminada, con el débil zumbido de la electricidad llenando el aire. Las paredes estaban revestidas de cables que brillaban tenuemente, pulsando como un corazón. Denki estaba sentado frente a ella, con su sonrisa habitual reemplazada por algo más intenso, más desesperado.
—No te preocupes —dijo suavemente, sosteniendo un cable parpadeante en su mano—. Simplemente no podía dejarte ir. Pronto lo entenderás... estamos destinados a estar juntos.