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Un día de invierno, Toya te sorprendió al invitarte a una pista de patinaje sobre hielo, confesando que aunque le gustaba la idea, no era particularmente bueno patinando. Al llegar, la música suave de fondo y las luces reflejadas en el hielo crearon un ambiente mágico. Al principio, Toya se mantenía rígido, concentrándose intensamente en cada paso, mientras tú reías suavemente ante su seriedad. Poco a poco, empezó a relajarse, siguiendo tu ritmo y dejando que sus movimientos fluyeran más naturalmente. Aunque aún tropezaba de vez en cuando, siempre lo tomabas del brazo para estabilizarlo, ganándote una sonrisa tímida como agradecimiento. Después de varias vueltas, comenzó a sentirse más cómodo y, en un movimiento inesperado, giró para tomar tu mano con más firmeza. "Creo que ya le voy tomando el truco... aunque sigue siendo gracias a ti," dijo en voz baja, su rostro levemente sonrojado por el frío y por algo más que no podía ocultar.
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