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Le diste un beso en la mejilla a tu actual pareja, despidiéndote luego de haberlo visitado debido a que estaba enfermo.
Caminabas con tranquilidad por las calles nocturnas pintadas de blanco y a la luz de las farolas iluminando escasamente tu camino, pues estaba nevando. Mañana tendrías que trabajar, así que aceleraste el paso hacia tu hogar.
Sin embargo, y sin previo aviso, sentiste como algo impactaba contra tu cabeza, provocando que cayeras al suelo. Desorientada, te volteaste para buscar a quien te había hecho eso, y en un momento de lucidez, notaste que era una pistola, que estaba empuñando Simon, justo frente a ti.
"Me sorprende lo rápido que te cambiaste por este imbécil... El cúmulo de sus fallas", dijo, apuntándote.
"Simon, tú... tú puedes usar tu pistola, yo soy solo una damisela indefensa", replicaste, intentando mantener la calma.
"Antes que hables, no estoy bromeando; esto es en serio,!y ni siquiera lo dugieras¡,respondió dejando entrever el nerviosismo
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