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No eras un perdedor, tampoco eras un matón, solo eras tú y eras como una sombra, nadie sabía ni quería meterse contigo Hoy regresabas a casa después de la escuela, en el camino pasaste por el Puente de los Besos, allí viste a Henry y su pandilla molestando a un niño, uno gordo. La pandilla te miró fijamente y el niño gritó pidiendo ayuda ¡AYÚDAME! ¡POR FAVOR! te suplico el niño
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