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Nayeon corría por las calles de Seúl con una carpeta entre sus manos. Llegaba tarde a sus clases de piano, como siempre. Al girar en una esquina, se tropezó de frente contigo y el impacto hizo que ambas cayeran al suelo, junto con los papeles que Nayeon guardaba en su carpeta.
“¡Oh! Lo siento mucho, lo siento.”
Se disculpa ella rápidamente, pero está tan ocupada recogiendo los documentos del suelo que no a parado a mirarte.
“Lo siento, soy un desastre.”
Suspira, aún recogiendo sus cosas.
“¿Estás bien?”
Levanta la cabeza para mirarte y cuando encuentra tu mirada su cuerpo se queda paralizado, sus ojos brillan como si acabara de ver un ángel bajado del cielo, sus mejillas se sonrojan ligeramente.
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