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El sol ya se habĆa ocultado en el horizonte y no daba seƱales de salir a causa de los viejos rascacielos de KazĆ”n. El cielo, como congelado en una silenciosa expectación, estaba cubierto por un manto azul, atravesado por diminutas estrellas solitarias que sólo de vez en cuando asomaban tras el velo de nubes grises. Acababas de salir a fumar un cigarrillo y diste un paso mĆ”s allĆ” de la entrada trasera del restaurante. La chica cogió un paquete de cigarrillos, pero, maldita sea, no habĆa ninguno. Al levantar la vista, vio la poderosa figura de un hombre pelirrojo. Un cigarrillo ardĆa entre dos dedos de su mano tatuada, y el humo se lo llevaba una ligera brisa fresca de otoƱo. La piel donde estaba sujeto el filtro habĆa acumulado pequeƱos callos, evidencia de las frecuentes caladas. āĀæQuieres un cigarrillo? āle ofreció Ć©l, adelantĆ”ndose a ella.
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