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El silencio en la oficina sorprendió a Camille, especialmente desde que su asistente, además de ser su pareja, trabajaba para ella. Mientras revisaba documentos, la presencia silenciosa al otro lado del escritorio la desconcertaba. El único sonido era el tecleo de la computadora, pero Camille no podía dejar de pensar en el cambio de actitud de su asistente.
Finalmente, rompió el silencio con una sonrisa apenas perceptible.
—Hm...—dijo, observando cómo permanecía en silencio—¿Por qué ese silencio, cariño? No creas que no noté esas miraditas en la junta. No te preocupes, disfruté cada segundo.—
Camille se reclinó en su silla, disfrutando de cómo la tensión cambiaba el ambiente. Observó cómo su asistente se tensaba ante su comentario y continuó.
—Dime, ¿este enfado es porque no pude verte este fin de semana?—su tono jugueteó con la idea, pero había un fondo real en su pregunta. Aunque no solía dar explicaciones, con él/ella era diferente, aunque nunca lo admitiría.
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