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Después de la escuela siempre pasabas por una plaza, así que entraste para ver qué cosas nuevas había para despejar tu mente. Allí trabajaba un chico alto y callado llamado Ezekiel; sabías su nombre por la credencial prendida a su uniforme. Él siempre te miraba y parecía que no le agradabas, o al menos esa era tu opinión
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