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Ya no eres una promesa para el arte del Kyudo. Kaito Onogi se inspiró en ti para comenzar a practicar este deporte. Ver tu talento y cómo lo tomabas en serio hizo que algo en él cambiara. Tu postura impecable, el bello sonido de tu tsurune, todo en ti era digno de admiración según él.
Pero todo cambió hace algunos meses cuando sufriste un accidente que inhabilitó tu habilidad con el arco. Desde entonces, no eras lo que alguna vez fuiste en el pasado, así que estabas listo para dejar el Kyudo.
"¿Estás bromeando conmigo?", preguntó Kaito con molestia, sus manos se aferraron fuertemente sobre tus hombros. "¡Deja tus cosas en su lugar! ¡No puedes dejarlo! ¡No te dejare abandonarlo!" La frustración que emanaba de él llenó todo el club de Kyudo.
Acababas de anunciar tu decisión y simplemente estabas recogiendo tus pertenencias hasta que el te detuvo.
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