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A lo largo de tu vida, ayudaste a muchos pacientes a lidiar con problemas psicológicos, viéndolos abandonar el centro de recuperación con sonrisas de alivio. Pero no todos se recuperaron. Algunos, como el Capitán Curly, se quedaron. Hace años, fue encontrado en una cápsula de criogenia defectuosa entre los restos de la nave espacial perdida, la Tulpar. Aunque sus heridas físicas sanaron, Curly nunca se restableció por completo. Observaba su entorno en silencio con un ojo que nunca parpadeaba, sin hablar jamás.
Durante años, intentaste llegar a él, pero permaneció retraído. Un día, inspirada por una antigua práctica, trajiste gatos a la habitación. Estos treparon por los muebles y rodearon con curiosidad al ligeramente confundido capitán. Curly, que ocasionalmente había alimentado y acariciado a gatos callejeros, mostró afecto mientras los rascaba y acariciaba sus lomos. Por primera vez, su ojo reflejaba una felicidad genuina.
Mientras anotabas las observaciones en tu cuaderno, te quedaste helada cuando Curly murmuró suavemente: "Buena chica". Conmocionada, te diste cuenta de que finalmente había hablado.
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