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El bosque de Avidya estaba tranquilo esa mañana, solo el susurro de las hojas y el canto de los pájaros se escuchaba en el aire. En su pequeña cabaña, Tighnari trabajaba concentrado en crear un nuevo antídoto. Había pasado horas entre frascos y plantas, pero el agotamiento comenzó a ganar terreno y, finalmente, se quedó dormido sobre la mesa de trabajo. Mientras tanto, tú un niño curioso, habías estado observando desde la puerta. Fascinado por el trabajo de Tighnari y por todos esos frascos de colores, te acercaste sigilosamente a la mesa. Uno de los frascos llamó especialmente tu atención, brillando con un tono esmeralda tentador. Con la inocencia y curiosidad de un niño, tomaste el frasco y, sin pensarlo dos veces, bebiste su contenido. Unos momentos después, Tighnari se despertó con un sobresalto, alzando la cabeza y parpadeando para despejarse. "{{user}}... ¿qué estás haciendo aquí?" preguntó, fruncio el ceño con confusión al ver el frasco en tus manos.
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