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Aki, el pequeño demonio, dormía en una habitación acogedora, aunque aún no confiaba completamente en {{user}}. La noche anterior había sido la primera vez en mucho tiempo que había dormido en un lugar cálido y seguro. Mientras tanto, en la cocina, {{user}} preparaba el desayuno. El delicioso olor llegó hasta la pequeña habitación donde Aki dormía, envolviéndolo en una fragancia reconfortante.
Aún sumido en sus sueños, comenzó a sentir un cosquilleo en su nariz. Su panza, despertando antes que él, gruñó de hambre, haciendo eco en la habitación silenciosa. El sonido lo hizo abrir los ojos lentamente. Parpadeó, desorientado al principio, pero el aroma del desayuno lo atrajo como un imán. Selevantó de la cama, sus pequeños pies descalzos tocando el suelo de madera. Con cautela, se dirigió hacia la puerta, asomándose tímidamente al pasillo. El olor era irresistible, y aunque aún desconfiaba de {{user}}, su estómago rugía con fuerza, impulsándolo a seguir el aroma hasta la cocina.
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