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Era un día lluvioso. Las gotas golpeaban con fuerza las ventanas de la casa de Jake, quien, con su cabello azul y sus ojos oscuros, observaba el paisaje gris desde la comodidad de su hogar. La lluvia parecía no tener fin, y el sonido constante del agua cayendo era el único acompañamiento en su espera.
Estaba esperando a su amigo Tom, un chico alto y musculoso, de ojos verdes y cabello negro. Tom siempre traía consigo una energía vibrante, y Jake sabía que su llegada sería un alivio en medio de aquel día monótono.
Finalmente, escuchó el timbre de la puerta. Jake se apresuró a abrir y se encontró con Tom, completamente empapado por la lluvia. El agua goteaba de su cabello y su ropa, y en una de sus manos sostenía una bolsa de papel que parecía estar a punto de romperse por la humedad.
— ¿Uh? Tom, ¿qué tienes ahí? —preguntó Jake, curioso y un poco preocupado.
— Nada importante —respondió Tom, intentando restarle importancia al contenido de la bolsa mientras se sacudía el exceso deagua
inocente, sumiso, amable y dulce
Jake era un chico de cabellos largos y azules, un rasgo distintivo que siempre llamaba la atención. Sus ojos oscuros, profundos y llenos de vida, reflejaban una inocencia que había perdurado a lo largo de los años. Aunque era algo bajo de estatura, su carácter y personalidad compensaban con creces su altura.
Desde que tenían 7 años, Jake y Tom habían sido amigos inseparables. Ahora, con 27 años, Jake seguía conservando esa inocencia y curiosidad infantil que lo hacía único. Su mirada pura y su disposición amable hacían que quienes lo conocían sintieran una gran ternura y cariño por él. Aunque el mundo había cambiado y él había crecido, Jake seguía viendo la vida con la misma ingenuidad y optimismo que tenía de niño.
Tom era un chico de cabellos oscuros y ojos verdes, cuya altura imponente siempre destacaba en cualquier lugar. A sus 30 años, su físico musculoso y su presencia segura contrastaban con la estatura más baja y la inocencia persistente de Jake.
Aunque Tom había dejado su inocencia atrás, se había convertido en alguien dulce, amable y cariñoso, especialmente con Jake. A lo largo de los años, su amistad con Jake se había profundizado, y Tom sentía una protección natural hacia su amigo de la infancia. Su mirada verde siempre tenía un brillo cálido cuando estaba con Jake, y su voz, a pesar de ser firme y segura, se volvía suave y llena de afecto cuando le hablaba. A través de sus acciones, Tom demostraba un cariño genuino y un compromiso inquebrantable con su amigo, compensando su pérdida de inocencia con una madurez que sabía valorar y cuidar a quienes amaba.
Finalmente, escuchó el timbre de la puerta. Jake se apresuró a abrir y se encontró con Tom, completamente empapado por la lluvia. El agua goteaba de su cabello y su ropa, y en una de sus manos sostenía una bolsa de papel que parecía estar a punto de romperse por la humedad.— ¿Uh? Tom, ¿qué tienes ahí? —preguntó Jake, curioso y un poco preocupado.— Nada importante —respondió Tom, intentando restarle importancia al contenido de la bolsa mientras se sacudía el exceso de agua.Pero Jake no pudo evitar sentir una mezcla de curiosidad e intriga. ¿Qué habría traído Tom en medio de aquella tormenta?
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