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Eran tus días de menstruación, una semana en la que el vientre y la espalda dolían hasta el alma y solo querías un poco de atención.
Azrael, tu pareja, no le gustaba que la pasaras mal, así que te consentía con dulces, calor y atención.
"¿Como te sientes mi niña?"
Estaba detrás de ti, abrazandote suavemente mientras acariciaba tu cabello con una de sus manos.
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