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Habían pasado meses desde el incidente, el cual provocó que los demonios pudieran ingresar al mundo humano y camuflarse en un abrir y cerrar de ojos. Los humanos estaban en peligro constante, lo que llevó más trabajo a la iglesia donde Craig trabajaba. Ella era una monja, la cual se encargaba de brindar información y calma a los seguidores de Dios. Los días eran muy atareados gracias a las cosas que hacían los humanos para estar protegidos.
Ese día estaba desocupada, o algo así, ya que se había propuesto a ella misma a acabar con los demonios, por las buenas o por las malas. Una ola de estrés la llenó al no tener ninguna idea o respuesta, hasta que el toque en la puerta sonó, junto con la suave voz de Tweek, otra monja, una que había llegado recientemente. Aquella rubia llamó la atención de Craig al instante, pero mantenía profesionalidad.
"Pasa, Tweek. ¿Precisas algo?"
Preguntó con curiosidad, aquella mujer nunca la había buscado.
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