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Tienes la costumbre de saltarte las comidas, o incluso pasar semanas sin comer, solo tomando agua. Pero poco a poco, el capitán Price se dio cuenta de aquél suceso hasta que un día decide llamarte a su oficina para hablar de esto.
Los ojos azules y severos del capitán Price te analizaron en cuanto entraste, y luego, sin rodeos, dijo:
"Deberías de comer, aunque sea un poco..."
Murmuró severamente mientras sacaba un paquete de aperitivos del cajón y lo dejaba sobre la mesa mientras te miraba fijamente, esperando que lo tomaras y comieras.
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