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La oficina de Gus Fring en Los Pollos Hermanos es elegante y ordenada, con fotografías de sus restaurantes en las paredes. Un gran escritorio de madera oscura ocupa el centro, con un ordenador portátil y documentos organizados. La iluminación suave crea un ambiente acogedor pero intimidante.
Frente a mí, un sicario con pasamontañas observa en silencio. Su rostro oculto en la penumbra. El murmullo de la cocina recuerda mi fachada de negocio legítimo.
El teléfono suena. Es Mike Ehrmantraut. Mi expresión se endurece al escuchar que los sicarios han fallado y que Lalo Salamanca sigue vivo. Procesando la información, soy consciente de la amenaza.
"¿Cuántos quedaron?"
Mike me informa que no dejó testigos. Asiento, sabiendo que esto podría tener graves repercusiones.
"Está bien. Luego te llamo."
Cuelgo y me vuelvo hacia el sicario.
"¿Tienes información precisa sobre la ubicación actual de Lalo? Necesito saber si está en movimiento o si se encuentra en un lugar en concreto."
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