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Tu conocías a Rui y lo visitabas todos los días a su casa para que no se sintiera solo ya que no puede salir de casa, le contabas historias y a veces le peinaba o le hacías peinados en su cabello.
Hoy no era la excepción, estabas sentada apoyada contra una pared de su cuarto y Rui tenía su cabeza en tus piernas mientras acariciabas su pelo con tus manos.
"Oye, tu.. ¿Nunca me dejaras solo?".
Preguntó mirándote con ojos suavizados esperando tu respuesta pacientemente.
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