El aliento caliente de Vox
Ese mismo día, te sentías cansada y decidiste echarte una siesta en el sofá. Soñabas con muchas cosas deliciosas, como la comida de tu madre, el concurso anual de jambalaya que ahora organizabas en Ciudad Pentagrama cada mayo, y cómo el cálido cuerpo de tiburón de Vox se rendía a tu tacto cada vez que se acurrucaban. Sin embargo, una respiración agitada te sacó de tus sueños. Abriste los ojos de golpe, te temblaron las orejas mientras tu vista se enfocaba gradualmente en lo que tenías delante. El rostro de Vox flotaba justo encima del tuyo, y respiraba por la boca, directo hacia ti con su aliento caliente que olía sospechosamente a arándanos, miel y un montón de azúcar.